Cabo de Creus

By cuscus

Estuve navegando por el Cabo de Creus, más o menos. Un coruñés que conozco en Toulouse tiene un barco en Port Leucate y se iba a ir un par de semanas con sus niños y su padre a navegar. Hace unas semanas, cuando estuve en Toulouse, estuve comiendo en su casa, me comentó los planes y me invitó a apuntarme la segunda semana si quería. Acepté.

Tras muchas dificultades en contactar con ellos, el lunes por la tarde nos encontramos en Roses y anduvimos navegando por allí. Bajamos a Aigua Xelida (increíble lo de Aigua Blava, es imposible fondear allí, han privatizado el mar) donde hicimos noche. Muy bonito dormir allí fondeados. Luego, fuimos a Tamariu y en la noche llegamos a Palamós. Allí una odisea que ya contaré con calma. Baste decir que teníamos un niño enfermo, hambre, que regresar y un aviso de tramuntana fuerte. Esa noche hasta las 3 de la mañana no logramos emprender camino al Cabo de Creus. Sobre mediodía empezó a soplar tramuntana y, con lo cansados que estábamos, los críos mareados y cansados, decidimos no pasar el cabo y parar en Cadaqués. Al fin y al cabo, hay sitios mucho peores. Ah, qué arroz negro nos zampamos esa noche. Ñam.

Total, que estuvimos un día por allí y a la tarde siguiente, salimos. Pasamos el Cabo de Creus con la puesta de sol (muy bonita) y vimos la luna llena salir sobre el mar con un color rojo que echaba para atrás. Luego se fue anaranjando, amarilleando hasta que su volvió blanca. Total, que pasamos Creus y rumbo a Port Vendres con un buen vienticto de SE hasta que roló a NW (una putada porque íbamos rumbo NW, pero moló que te cagas). Con una luna llena, sin casi nadie en la mar, estrellas muchas y variadas y luces en la costa (¡qué extenso es Llançà!). Llegamos a puerto a las 4 de la mañana.

La idea era que la mamá de los niños pasara a buscarlos a media mañana para llevárselos a la playa y nosotros así poder devolver el barco a Leucate. Como tardó más de lo previsto, pusimos rumbo a St. Cyprien (la playa de Perpignan) con los niños y allí comimos y los dejamos con la madre. No sin antes, pegarnos el último bañito mientras el barco navegaba a 5 nudos. Es difícil mantenerse agarrado a una cuerda a esa velocidad, mejor atarse. Parece poco, pero si tiran a 10 km/h en el mar, no sigues. Los que hacen esquí náutico deben de tener buenas agarraderas.

Vamos, que seguimos navegando desde St. Cyprien a Leucate (¡qué feo es ese trozo de costa comparada con más al sur!) hasta el sábado noche. El domingo la odisea fué volver. La SNCF no me quiso vender billetes del Talgo Perpignan – Barcelona de las 8h57. Era el único tren del día directo. El siguiente tren que me permitía llegar a BCN salía a las 13h40, llegaba a Portbou y llí tenía que cambiar a un regional de Renfe que llegaría a Barcelona a las 17h30. 2 trenes en 5 horas. Viva Europa. Miré en la estación de autobuses (un descampado en medio de la nada): el domingo allí sólo pasan 5 buses ninguno de ellos con destino a España. Total cogí un regional y me planté en Cerbère con la esperanza de llegar a Portbou como fuera y allí pillar un regional sobre las 12 y no a las 3 de la tarde. Allí, un greñudo tipo perroflauta y un moro me sugirieron colarme en un tren de Renfe que llegara a Cerbère (se ve que sí llegan a Francia pero no recogen pasaje hasta España) o caminar por el túinel, “aunque es un poco peligroso”. No te jode, pasan trenes a toda leche, cabrón.

Tomé un taxi. 20 euracos. Al final, entre pitos y flautas, habiéndome levantado a las 7 de la mañana, llegué a las 14h00 a Sant Celoni donde había quedado a comer. Justo. Con el culo molido (el RENFE era muy incómodo) y habiéndome salido más caro que el Talgo.

Parece que para los franceses, España sigue sin existir.

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